Jueves, 15 de mayo de 2014. Eran las 13 horas y los minutos se largaban tanto que parecían interminables esperando el autobús de regreso. Era el momento de hablar, hablar, hablar de cuánto habíamos visto en apenas dos horas. Cuando cada uno de nosotros, en el refugio de la parada del bus, buscando un poco de sombra que combatiese ese sol de esta tierra, alardeaba de sus adquisiciones: Folletos, agendas, bolígrafos, botellitas de aceite… todos contentos y plenos de haber VIVIDO ese tiempo de tantas cosas nuevas
Los metales conformados, vencidos, adiestrados por la mano humana, de mil formas, engalanados de una amalgama de colores predecibles y casi infinitos. Maquinas y más máquinas. Maquinas para recoger el fruto del olivo. Máquinas para obtener de la manera más delicada y severa nuestro buen aceite. Máquinas para acondicionarlo, conservarlo, embotellarlo, adornarlo…Empresas, organismos, instituciones velando, cuidando, promocionando la calidad de nuestro buen aceite que generación tras generación hacemos y transmitimos en esta tierra bajo ese sol del invierno dócil y suave.


Tantos productos y tantos aceites que hemos probado y comprobado. Olores, sabores, que nos llevamos en nuestra mente con la idea particular de cual es “el mejor” para hacerlo nuestro cada día. El tiempo pasa, pasó rápido, pero hemos tenido la oportunidad de ver, tocar, apreciar, valorar ese mundo grande y complejo de tierra y metal que nos ha acercado a los alumnos de PCPI y Ciclo Formativo de Instalaciones Eléctricas y Automáticas de nuestro Centro la XVII Feria del Olivo de Montoro.

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